martes, 23 de marzo de 2010

¿Es riesgoso para el terapeuta dar Reiki?


Los reikistas son personas que tienen la capacidad de canalizar un tipo de energía de una fuente universal ("Rei") para aumentar su energía personal o vitalidad ("Ki").

Al tratar a alguien nuestra energía entra en contacto con la suya, por lo que debemos hacerlo con una preparación mental previa que nos permita poner distancia con sus circunstancias, su camino y lo que le toca vivir y aprender, es decir, evitamos involucrarnos más de lo que corresponde con sus problemas y comprometer nuestra energía personal en el proceso.

De todos modos, durante una sesión de Reiki ocurren manifestaciones que podrían hacernos creer que son producto de algún tipo de desgaste o sufrimiento por parte del reikista. Dentro de este tipo de fenómenos están incluidos los bostezos, el llanto, la tos, los estornudos, etc. Esto ocurre principalmente cuando tratamos a otras personas y es menos frecuente que suceda si estamos tratándonos a nosotros mismos, aunque también hay casos de este tipo. Estos efectos son una consecuencia del intercambio energético con nuestro paciente, es decir, indican que empezamos a transmitir y que el otro empezó a recibir. En cualquier caso, nada de esto se genera por el desgaste del terapeuta, sino que es algo muy común en la práctica diaria en el consultorio.

Pero sí podríamos cansarnos físicamente por una cuestión postural al dar Reiki sobre una camilla cuya altura no nos resulte del todo cómoda o también al realizar algún esfuerzo mental excesivo a la hora de tratar a nuestro paciente, proceso que debería ser muy natural y sin necesidad de forzarlo. En caso de que al tratar a una persona empecemos a sentirnos mareados y con menos energía, deberíamos preguntarnos si inconscientemente nos afectó la situación de nuestro paciente y tratar de tomar consciencia nuevamente de nuestro rol de terapeuta y fortalecernos internamente para poner distancia. En caso de no poder revertir esta situación, deberíamos detener la sesión.

El Reiki es completamente beneficioso tanto para el paciente como para el terapeuta, ya que en definitiva este último es quien primero recibe la energía para luego transmitirla. Durante la práctica del Reiki pueden darse ciertos fenómenos que son perfectamente normales y algunos otros un poco menos frecuentes, pero en ningún caso nos vamos a enfermar o perjudicar por tratar a un paciente, más allá de sentir algún efecto pasajero.

Imagen: Franck Michel

sábado, 13 de marzo de 2010

La evolución de nuestra práctica de Reiki


Una vez que recibimos la Iniciación de Primer Nivel y cumplimos con el cursado correspondiente, nos toca comenzar a aplicar esta nueva capacidad adquirida.

Las primeras prácticas las realizamos en nosotros mismos por medio del autotratamiento, esto es, aplicarnos Reiki a diario por al menos por 21 días (aunque yo aconsejo un mes). El propósito del mismo es aprender las posiciones básicas en el cuerpo entero, empezar a experimentar las sensaciones producto de la práctica habitual (claro que podría no haberlas, lo cual es perfectamente normal) y sobre todo colaborar de forma sostenida con la limpieza y la activación energéticas que se producen en la Iniciación.

Es entendible que estemos impacientes por tratar a otras personas, pero para ayudar a los demás primero debemos ayudarnos a nosotros mismos, tomar seguridad en nuestro desenvolvimiento como terapeutas y cumplir con los procedimientos que nos fueron enseñados por nuestro Maestro. A medida que sumamos minutos de Reiki podemos desprendernos cada vez más de las formalidades para comenzar a confiar en nuestra intuición.

Originariamente, tanto Usui como Hayashi hacían practicar a los alumnos en sus respectivas clínicas por períodos de varios meses. Hoy no pretendemos tal cosa, pero en un cursado regular de Reiki debería estar contemplado realizar un número importante de clases prácticas para afianzar lo aprendido.

Ya superada la etapa de practicar en el aula, nuestros primeros pacientes son naturalmente los miembros de nuestro entorno más cercano, es decir, familiares y amigos. Más adelante, cuando cursamos el Segundo Nivel se nos amplía nuestro público al aprender a enviar Reiki a distancia. En mi caso particular, a partir de esta última técnica empezaron a producirse aisladamente algunos episodios de percepciones muy fuertes, todos ellos espontáneos y sin intención de buscarlos.

Si es que tenemos pensado dedicarnos a dar terapia como forma de vida, terminado el Tercer Nivel empieza un camino muy personal en el desarrollo de nuestra práctica como reikistas y sobre todo se define nuestro estilo, es decir, utilizamos ciertas técnicas más afines a nuestros gustos, modificamos algunas otras y estructuramos nuestros tratamientos en relación a la cantidad de sesiones, su orden, la frecuencia, etc.

Imagen: Rosmarie Voegtli

jueves, 4 de marzo de 2010

¿Cómo me acerco al Reiki?


Esa es una pregunta prácticamente de rigor para quien vez tomó por primera vez conocimiento de este sistema y decidió darle una oportunidad de cambiar su vida.

Podemos enterarnos de la existencia de Reiki de diversas formas: conocemos a alguien que está estudiando, escuchamos en la radio acerca de los beneficios de un tratamiento, etc. ¿Pero cuál es la mejor forma de introducirnos en este sistema? Si bien el "cómo" es una cuestión muy personal, hay algunas pautas que pueden ayudar a que decidamos por una opción o por otra.

Uno de esos factores es la experiencia particular de alguien conocido, cuya "garantía" personal puede ser muy influyente en nuestra decisión. Este podría ser el caso de una persona que recibió un tratamiento de Reiki y nos aconseja hacer lo mismo ya que tuvo resultados muy satisfactorios o alguien que esté muy contento con su Maestro de Reiki y con lo que está aprendiendo en las clases.

En el caso de una persona muy ávida de conocimiento, que se interesa por todo y le llamó la atención cómo es eso de transmitir energía a través de las manos, probablemente le resulte más interesante la opción de inscribirse en un Primer Nivel, recibir su iniciación y convertirse ella misma en reikista.

Puede suceder también que quien está interesado en Reiki cargue con emociones muy viejas y arraigadas en su vida. Lo que habría que considerar en tal caso es si esa persona se siente lo suficientemente segura de trabajar por sí misma esas emociones luego de ser iniciada en el Primer Nivel o si prefiere abordarlas primero con un tratamiento de Reiki para luego sí comenzar a estudiar.

Sabemos que luego de una iniciación empieza un proceso de movilización emocional que, sin exagerar, durará seguramente toda la vida, como nos sucede a todos quienes fuimos iniciados en Reiki. Esa transformación podría ser particularmente intensa al comienzo, dependiendo de qué tan profundas sean las "huellas" de la experiencia de vida del alumno.

Si la persona llegara a no sentirse segura o dispuesta a realizar el autotratamiento correspondiente al Primer Nivel en este contexto, yo aconsejaría realizar un tratamiento primero para que ese abordaje inicial sea más controlado y amable, todo esto dentro de un consultorio.

Como verán, el acercamiento inicial con Reiki es una cuestión muy propia, pero lo importante es saber que siempre hay una opción que se adapta a cada caso en particular.

Imagen: Martin Fisch