martes, 19 de octubre de 2010

::: Último Curso Regular del Año :::


Si desde hace tiempo tenés ganas de estudiar Reiki y por distintas razones lo postergaste hasta el día de hoy, tenés la oportunidad de inscribirte en el último Curso Regular de Primer Nivel de 2010.


Comienzo: martes 2 de noviembre de 2010


sábado, 2 de octubre de 2010

Silla rota en una práctica del tratamiento mental-emocional


Esto pasó mientras practicábamos el tratamiento mental-emocional con un grupo de Segundo Nivel. Como eran tres alumnas, yo participé también para poder formar dos parejas.

Habíamos desplegado dos camillas en las cuales íbamos a llevar adelante los tratamientos: quien recibiera primero posteriormente tomaría el rol de terapeuta y viceversa. Luego de hacer el repaso de la técnica, una alumna y yo nos dispusimos a tratar a las otras dos compañeras; mi alumna usó mi silla giratoria y yo me senté en una silla de plástico negra.

A poco de empezar con el tratamiento mental-emocional, comencé a bostezar y a lagrimear como suele suceder cuando doy Reiki, pero con los minutos esos síntomas se volvieron tan intensos como hacía mucho tiempo no se presentaban, lo cual me llamó la atención durante el tratamiento mismo, aunque le resté importancia por tratarse de algo habitual, salvo por su magnitud.

Cuando practicamos este tipo de tratamientos, generalmente no nos apoyamos en el respaldar de la silla sino que estamos ligeramente inclinados para poder alcanzar la camilla con facilidad, por lo que cuando terminamos el ejercicio, naturalmente apoyé mi espalda para descansarla y estirar un poco los hombros hacia atrás.

En ese mismo momento, ni bien apoyé la espalda, sentimos un ruido seco muy fuerte que nos llamó mucho la atención sobre todo a la otra reikista tratante y a mí, ya que las otras dos compañeras estaban recuperándose de la sesión. Prendí la luz y miré la silla a ver qué había pasado y nos dimos cuenta de que el respaldar estaba rajado.

Cabe remarcar que efectivamente las sillas son plásticas y no tan fuertes como unas de madera o metal, pero por la intensidad del tratamiento y por haberme apenas apoyado como cualquiera de mis alumnos que las usan durante mis clases, sumado al estruendo seco que se escuchó como si hubiésemos hecho fuerza a propósito para romperla (son sillas flexibles por naturaleza, por lo que habría que hacer mucha fuerza para quebrarlas en ese lugar), da para pensar que se rajó como consecuencia de una descarga de energía a segundos de haber interrumpido el contacto entre mi paciente y yo (los bostezos son precisamente el producto de una renovación energética que se produce en el paciente y se manifiesta en el terapeuta de ese modo). La situación fue tan llamativa que la reikista que estaba a mi lado, quien también había terminado su ejercicio simultáneamente me dijo: ¡Pero si ni te moviste!

Este tipo de manifestación, si bien es infrecuente no es del todo llamativa. Nuestros pensamientos son tan poderosos que cuando están fuera de control, sin rumbo y bloqueados, toman un volumen energético tal que unidos a un contacto físico mínimo (como apoyarse en una silla) perfectamente pueden generar que se parta de forma violenta. Al intentar modificar un hábito o creencia, no nos debe sorprender que la energía liberada de ese bloqueo (la misma que hace bostezar al reikista) genere este tipo de fenómenos. Pensemos que esa misma energía, de descargarla el paciente en sí mismo, podría generar un infarto, ACV, etc.

Es en estos momentos cuando entendemos lo importante que es encausar nuestras intenciones de forma clara ya que para plasmar una idea materialmente, primero hay que gestarla en el plano del pensamiento; el motor para concretarla será nuestra intención y el medio será nuestra acción (poner el "ki" o energía vital en movimiento).