lunes, 30 de septiembre de 2013

¿Estamos listos para la verdad?

Cito un diálogo de la película "Cuestión de Honor" (Columbia Pictures, 1992):

Cor. Jessep (Jack Nicholson): Responderé la pregunta: ¿quiere respuestas?
Kaffee (Tom Cruise): Creo que las merezco.
Cor. Jessep: ¿Quiere Ud. respuestas?
Kaffee: ¡Quiero la verdad!
Cor. Jessep: ¡No sabe qué hacer con la verdad!


¿Qué se supone que tenemos que hacer con la verdad? En realidad no "tenemos" que hacer nada, como todo en la vida, se trata de elegir.

Cualquier proceso de evolución espiritual empieza por un autosinceramiento: identificar debilidades, reconocer enojos, traer a la superficie deseos inconscientes, asumir responsabilidades y demás. Todo lo anterior implica un displacer, una incomodidad y, por lo tanto, tenderemos a rechazarlo. ¿Es acaso ese malestar un precio a pagar demasiado alto? Esa es precisamente la respuesta a la que tenemos que llegar para tomar la decisión de ver o no ver.

Es completamente normal usar nuestro mecanismo de negación de vez en cuando, es una forma de "protegernos", pero se vuelve particularmente preocupante cuando hacemos de ellos un hábito, un estilo de vida. ¿Nos atraen las mentiras? ¿Se repiten las personas mentirosas en nuestra vida? ¿Vivimos de ilusiones que nunca llegamos a concretar? ¿Será acaso que nos gusta que nos digan sólo lo que encaja en nuestro sistema de creencias?

Tenemos que ser muy cuidadosos al momento de diferenciar entre aquello que nos parece realidad y las ilusiones, porque podemos terminar viviendo de estas últimas, y eso no puede ser bueno para nosotros, porque con el propósito de ahorrarnos el sufrimiento que nos genera la amarga verdad podemos terminar rindiéndonos ante el "anestésico" que nos provee la ilusión y el engaño.


¿Y dónde es qué está la verdad? En nosotros, en nuestra esencia, como no puede ser de otra manera. La búsqueda de la verdad no es un acto en particular, es una postura ante la vida. Pero no es una tarea sencilla, porque nuestra sociedad se sirve de la mentira e intenta incansablemente que nosotros la creamos, bombardeándonos con ella 24 hs por día; las ilusiones generan dinero, amigos, enemigos, movilizan personas y doblegan voluntades.

Un ejemplo de esto es el uso de los medios de comunicación (radio, televisión, internet, prensa gráfica, etc.) a través de prácticas manipuladoras de publicidad. ¿Acaso la mayoría de las cosas que se ven son ciertas y las personas que nos hablan, confiables y creíbles? ¿Qué les da semejante autoridad: la apariencia física, una habilidad atlética, la extroversión, la simpatía? ¿No hay intereses de por medio como el dinero, la fama y el poder?

Preguntémonos qué pasaría si nos dijeran que el jabón de la ropa lava exactamente igual que el de hace 30 o 40 años. O que el shampoo no tiene aloe vera, porque no existe semejante cantidad de plantaciones en el país. O que a esos que dicen preocuparse y desvelarse por los problemas de los ciudadanos en realidad nada le importamos.

Más aún: ¿qué pasa si descubrimos que, no a un desconocido, sino que a alguien de nuestra familia o a un amigo no le importamos tanto (o nada) como solíamos creer? ¿Y si llegamos a la conclusión de que en vez de ser uno son varios o muchos?

En respuesta entonces al diálogo que abre este artículo, ¿qué hacemos con la verdad? Podemos elegir por ejemplo aprender de ella y mirar nuestra vida con esta nueva perspectiva para ver si todo cobra mayor sentido. Si esto último sucede, entonces habremos dado un gran paso. Aunque también podemos elegir hacerla a un costado y que en un futuro vuelva a presentársenos, de otra manera, con otra intensidad. Ambos caminos nos deparan momentos de incomodidad y malestar, pero está en nosotros saber cuál de ellos nos llevará a mejor destino.

¿Estamos listos para la verdad?

sábado, 21 de septiembre de 2013

jueves, 5 de septiembre de 2013